Profesionales en tecnología: ¿Protagonistas o Extras de la innovación?

No tengo claro en qué momento empezó mi interés por emprender. Los primeros síntomas se dieron cuando en medio de mi carrera corporativa empecé a preguntarme qué hacía en ese puesto. No porque pagara mal o porque no tuviera aspectos interesantes, sino porque más de una vez me levantaba resintiendo tener que ir a trabajar y eso no tenía sentido. Yo estudié Ingeniería de Sistemas y Computación porque me encanta resolver problemas y además tengo algún tipo de talento para la tecnología. Y en teoría como arquitecto de soluciones en una multinacional eso era lo que hacía. Entonces, ¿dónde estaba el problema?

A medida que un profesional logra experiencia y profundidad en un campo, le es más difícil generar ideas innovadoras. Innovar implica ver los problemas desde otros puntos de vista, pensar diferente y abandonar paradigmas. A mi me gustaba hacer consultoría porque los problemas variaban por cliente, pero poco a poco las soluciones dejaron de variar. A quién tenía el problema le dábamos soluciones valiosas que, ahora lo veo, tendían a ser una variación de soluciones anteriores. ¿Rentable? Si. ¿Interesante? Algo. ¿Innovador? No mucho.

La ventaja incomparable que tiene un profesional en sistemas es su capacidad para utilizar herramientas (tecnología) para cambiar la realidad e innovar. Y como realidad podemos entender un proceso en una corporación, las formas de dar o recibir clases en un ambiente educativo o la manera en que usamos el transporte público. Casi cualquier cosa. Y allí radica también nuestra mayor debilidad: creemos que por tener la capacidad para hacer algo, sabemos hacerlo, lo cual es falso. Para saber hacer algo hay que estar dispuesto a aprender, a escuchar y a ganar experiencia en ese campo. Experiencia que, a medida que se vuelve más específica y profunda dificulta la generación de ideas nuevas, creando un círculo vicioso que frena la innovación.

Entonces, ¿cómo afrontar esta aparente contradicción? En mi caso el emprendimiento (que puede ser interno a una organización –intrapreneurship en Inglés-) fue la respuesta. Emprender implica estar dispuesto a aprender y desaprender a diario,  a ganar experiencia mientras se aprende de aquellos con ideas locas, a sacar esfuerzos adelante y cometer errores que uno no se permite en el rol de “experto”. En resumen, a encontrar el balance entre experiencia, capacidad, riesgo, ejecución y visión para cambiar la realidad.  Y mientras se está emprendiendo esas variables cambian a diario.

En la actualidad los profesionales en tecnología tenemos las herramientas para cambiar la realidad. Nunca antes habíamos estado tan bien posicionados para innovar, crear y generar valor y riqueza para nosotros y aquellos a nuestro alrededor. Pero necesitamos un cambio de mentalidad. No basta con conocer de tecnología; necesitamos saber aprender, salirnos de nuestra zona de confort y tomar roles de liderazgo en innovación.  La mala noticia es que es un camino plagado de incertidumbre y con altos riesgos. La buena es que dicho camino sólo está limitado por la visión que ustedes le quieran dar. Así que generemos ideas nuevas, tomemos riesgos, aprendamos, emprendamos; o de lo contrario se nos va a ir nuestro cuarto de hora actuando como herramientas de quienes si están dispuestos a hacerlo.

Sobre el autor
Carlos Rozo Carlos Rozo (1 Entrada(s))


Autor invitado. Fundador de Thotz y Gerente General de e-Sofia Consultores.

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